Sujeto a interpretación

por el 20/09/15 at 8:54 pm

Una noche, mientras caminaba por la calle de Angostura, la mujer sintió los pasos de alguien a escasa distancia. Enseguida supo que la muerte venía pisándole los talones.

En ningún momento pensó que aquellas pisadas las producía un asaltante, u otra persona corriente. Quien venía detrás era la muerte, posiblemente blandiendo su guadańa. Esto lo sabía la mujer sin lugar a dudas porque se le habían puesto la piel de gallina y los pelos de punta.

Pensó con una mezcla de resignación y de enfado que a todos nos llega el día y que hay que irse de alguna manera. Pero morirse nada menos que aquí, en Angostura, en un barrio que no era de su agrado… Ella hubiera preferido acabar sus días en Milflores, el barrio contíguo.

¿Qué estaría planeando la muerte? ¿Se la llevaría de un ataque cardíaco fulminante? ¿O acaso haría que cayera sobre su cabeza aquel piano que dos trabajadores subían con poleas a un tercer piso? Por si las moscas cruzó a la acera opuesta, pero no se atrevió a mirar sobre su hombro.

Desde la acera opuesta la mujer oyó que los pasos resonaban lejanos hasta apagarse por completo. Esto la desconcertó bastante ya que su intuición jamás le había fallado. Con terquedad cruzó la acera nuevamente y miró calle abajo. Nada. No habia ni un alma.

De repente la mujer cayó en cuenta de que se encontraba justo debajo del piano y pegó un salto. Entonces comprobó que no estaba tan lista para morir como supuso y se desprendió en una carrera desenfrenada que resultó ser demasiado onerosa para su cuerpo falto de ejercicio. Al doblar la esquina ya habia llegado al otro barrio.

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