Adiós, Juan Valdez

por el 16/07/15 at 7:42 pm

Dos terroncitos de azúcar y la bebida a punto. Ni humeante, ni casi fría. Las cucharillas tintinean en el fondo de nuestras tazas y el rico aroma inunda las fosas nasales al tiempo en que llevamos el néctar negro a los labios impacientes. Degustamos despacito, procurando no abrasarnos el paladar.

Me gustaría que te quedaras largo rato y que siguieras hablando sobre la cosecha en lo alto de los Andes. Pero Conchita está impaciente. Ya acabó de pastar y ahora se aburre espantando mosquitos con la cola. Así que dejas el relato a medio talle y te marchas con tu mula y tus afanes. Por la ventana abierta te digo un adiós recargado de nostalgia.

Más tarde me reuniré con Santo y Domingo, prospecto que no me causa la misma ilusión. Porque aquellos mellizos sólo hablan de tragos cortos y peleas de gallos. Y yo soy abstemia y enemiga de la violencia animal. Lástima. El café no sabe igual sin un buen conversao.

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