En la gracia del mar
por Sonia Read el 02/04/12 at 10:27 pm
Cuando Olivia era pequeña y visitaba la casa de la playa, su prima Soledad le hablaba sobre el mar. Decía Sole que el mar se agita de noche en su lecho de piedras porque está enamorado de la luna. Quisiera tocarla y no puede. Por eso rumia su dolor de un confín a otro de esta tierra; un dolor que por momentos revienta contra los acantilados y se deshace en luminosas gotitas de protesta que huelen a musgo y a sal.
Decía Sole que para conocer el mar basta con sentarse a sus orillas con los ojos cerrados, interpretando la resonancia cavernosa de sus penas milenarias. De vez en cuando un bando de gaviotas surcará los cielos, o un barco grande asomará en el firmamento con el propósito de poner a prueba nuestro interés. Si esto llegara a suceder, advertía Sole muy seria, haríamos bien en fijar la vista en la resaca tejedora de espumas, guardar un silencio digno y aspirar el aliento del mar a pleno pulmón para confundirnos con su esencia.
Los secretos del mar, continuaba Sole sin dar muestras de cansancio, son tan cuantiosos como las arenas de la playa. Para saberlos hay que acercar una caracola grande al oído y esperar con paciencia a que ese susurro que los “entendidos” llaman ruido blanco nos revele la voz de la inmensidad, contando su historia desgarradora en primera persona.
Tantas y tantas cosas le dijo Soledad a Olivia, siempre con una sonrisa triste dibujada en los labios. Tantas y tantas cosas que Olivia no puso en perspectiva por ser entonces demasiado joven como para entender los símbolos detrás de las palabras. ¿Cómo adivinar a sus ocho añitos escasos que Soledad sufría una depresión clínica, y que su familia la había llevado a la casa de veraneo con la esperanza de que aires nuevos devolvieran el color a sus mejillas y el brillo a sus ojos almendrados?
¿Cómo saber que al contar los pesares del mar profundo, Soledad hablaba de su propia congoja, inexplicable y onerosa como que un fardo de ladrillos? ¿Cómo saber que la noche en que ella -Olivia- despertaba de un mal sueño, empapada en sudor y temblando como una hoja , Soledad aprovechaba un descuido de los suyos para acogerse a la gracia del mar, desnuda y con los brazos en cruz?
Nació en un Santo Domingo provincial y tranquilo. Pasó los primeros
ocho años de su vida comiendo pan de gloria y jugando trúcamelo en el
Parque Independencia.
…mi fascinación por el mar no tiene nada que ver con depresiones…siempre he repetido que el mar es lo que le falta a Madrid para ser la capital perfecta…en este hermoso cuento muestras también tu fascinación!!!
LOL. Querida Mary Loly, todo lo que escribo no es necesariamente autobiográfico
Me ha causado tristeza. La unica diferencia entre Soledad y una amiga que desaparecio como ella recientemente, es que sus nombres comienzan con letras diferentes.